Escrito por María José Florenciano para Entrelares 3
Se acerca la Navidad, fecha donde se funde la nostalgia y la alegría. A muchos nos gusta que nuestro hogar se vista para la ocasión, que cada rincón se convierta en un espacio encantador y acogedor. Para lograrlo, no es necesario ni ser decorador profesional, ni excedernos en el gasto, vamos a daros algunas claves sencillas para decorar en Navidad.
Lo primero que debemos hacer es elegir un color para estas navidades, el que más te apetezca o guste. Los colores tradicionales como los plateados, dorados y blancos son una propuesta elegante; además, para los más atrevidos se pueden mezclar con un tono vivo, como turquesas, violetas o naranjas.
El árbol
Coloquemos primero las luces, y luego todos aquellos adornos de años anteriores que combinen con el color que hemos elegido este año para nuestra Navidad. El toque final se lo vamos a poner con nuestro color, en este caso el naranja.
No hace falta que invirtamos mucho dinero: podemos utilizar lazos zapateros de papel pinocho, o de telas (terciopelos, rasos, sedas…), colocándolos en las puntas de las ramas o en las propios adornos del árbol de navidad. También podemos utilizar flores de papel como rosas de papel pinocho, o ramas secas de árboles pintadas con pintura en espray, plumas, figuras… utilicemos la imaginación y nuestro árbol cada año innovará nuestro salón. Y no olvidemos coronar el árbol: no hace falta que siempre sea con una estrella de navidad, podemos utilizar una figura o incluso un lazo
Rincones navideños
Es importante buscar un rincón de nuestro hogar: una mesa de salón, de café, la mesa colocada entre los sofás o un mueble, e introducirla en nuestra decoración, Para crear un ambiente muy cálido y hogareño es momento de utilizar las velas de diferentes formas y tamaños; puedes ponerlas sobre una bandeja entre adornados de flores secas, bolas de navidad o frutos secos. Podemos colocar lazos navideños a cualquier figura que queramos destacar (en la foto se les han colocado a unas campanas). Si buscamos un detalle original y tenemos un farol o candil podemos quitarle la vela y poner para esta ocasión cualquier motivo navideño en su interior: un Papá Noel, un angelito, el Niño Jesús… La mejor compra navideña es aquella que después la podemos utilizar todo el año: Faroles, campanas, jarrones…
Adornos en familia
Hagamos participar a los más pequeños y a los no tan pequeños, recortemos sobre cartulina figuritas de navidad (campanas, angelitos, corazones…) que después se pueden pintar con purpurinas y, unidas con hilo, colgarlas del techo. Adornar en familia no sólo es divertido sino entrañable, ¡No te lo pierdas y haz participar a toda tu familia!
Sobre la mesa
Cada vez que pongas la mesa, deleita a tus comensales con centros de mesa que tú mismo puedes hacer; sobre una bandeja puedes poner, velas, acebo, muérdago, campanas, bolas navideñas, o simplemente adornarlos con fruta natural, frutos secos, piñas… También puedes optar por utilizar una jarra de cristal llena de bolas navideñas o jarrón de cristal trasparente.
Un toque original
Otro adorno muy fácil de hacer pero el resultado es espectacular: coge un violetero o cualquier jarrón de vuestro hogar, introduce unas ramas de árbol, figuras de chocolate, lazos, bolas pequeñas… si nos apetece con pintura de spray o purpurina dorada o plateada podemos pintar las puntas, le dará unos reflejos increíbles y nos adornará cualquier rincón, sobre una mesa, en la entrada de nuestra casa.
Una curiosidad
El árbol de Navidad tal como lo conocemos hoy tiene sus orígenes en las tierras germánicas, hay muchas historias distintas sobre ello, cuentan que un día de Navidad de la primera mitad del siglo VIII. San Bonifacio, un misionero británico, se encontraba predicando un sermón para convencer a los druidas alemanes de que el roble no era sagrado. En ese momento, un roble cayó destrozando todos los árboles que encontró a su paso. Del desastre consiguió salvarse un pequeño abeto: San Bonifacio lo consideró un milagro y le llamó ‘el árbol del Niño Dios’. Así, en las sucesivas Navidades los cristianos celebraban la Festividad plantando abetos y, posteriormente, esta costumbre evolucionó hasta dar lugar a la actual decoración. Pero en estos tiempos tan mágicos no puede dejar de existir una leyenda muy popular al respecto, algo mágica: dicen que durante una fría noche de invierno, un niño buscó refugio en la casa de unos leñadores. El matrimonio ya anciano, lo recibió y le dio de comer. Durante la noche el niño se convirtió en un ángel vestido de oro: era el niño Dios. Para recompensar la generosidad de los ancianos, el niño tomó una rama de un pino y les indicó que la plantaran, indicándoles que cada año daría frutos. Y así fue: el árbol dio cada año por navidad manzanas de oro y nueces de plata.